No puedo comprender qué clase de placer y alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo música fastidiosa y pesada…No puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego aquesibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan...
Lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis; eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo.
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